El mundo se desenvuelve en lo profundo de mí.

Y tú lo completas.

La aurora brilla de a ratos.

Tú me llenas otra vez.

Ven y sálvame.

Sálvame de mí.

Ven y sálvame.

Ven por mí y róbate los latidos de mi corazón.

Ven por mí y róbate estos últimos suspiros.

Ayúdame…

Sálvame…

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Te ruego…

Siento que no te escribía hace días…

Y es que te intento olvidar con tantas fuerzas.

Y es que intento quedarme en este mundo con la otra mitad de fuerzas que me quedan.

O que ya no me quedan.

Pero sigo aquí cumpliendo mi promesa.

Aunque probablemente ya no te importe…

Te  importara después?

El gran día…

En esta vida estamos irresistiblemente atraídos por quien va a traernos los problemas que necesitamos para nuestra propia evolución. Según Jodorowsky.

Y me pregunto yo… El suicidio es parte de mi evolución?

Por qué no?

Y te prometo que si hay algo después de la muerte, también allá voy a buscarte.

Porque para mi, ya morí a mis 23, solo me enterraran un poco después…

Y no sabes cuanto aparento no sufrir o al menos verme “normal” como la sociedad parece demandarlo. Aparento no darle importancia. Pero inevitablemente te recuerdo y si te recuerdo, entonces te pienso.

Además.. Intentar olvidar, ya es recordar…

Y es así. Cuando estoy contigo, la ansiedad, mis fobias y mis miedos se alejan.

Pero tropecé. De nuevo contigo.

Pero tropezar por ir mirando al cielo, compensa 🙂

Siempre te recordaré como la primera persona que de verdad trajo sol cuando mi cielo se oscureció.

Pero llega ese momento en la linda historia, donde lo único que queda por hacer, es decir adiós. Y ojalá sea solo de palabra y no corpóreo.

Y es terrible esta droga. Esta droga que eres para mí.

La peor droga sin duda, que nos sigamos queriendo a pesar de todo lo que ha pasado.

Y al parecer, el único final feliz posible entre nosotras, hubiera sido no habernos conocido…

Y es por ello, que te ruego que mates de una vez por todas al “nosotras” que no termina de morir.

 

 

R

Primero que todo quiero darte las gracias.

Alegraste mi noche no sabes cuanto.

Ayer había sido un día muy muy duro y doloroso.

Y ahí apareciste, bailando y riéndote como siempre.

Y así como siempre, nuestras miradas se encontraron.

Una noche más.

No somos nada, pero no sabes cuanto significó tu presencia para mí anoche.

Fuiste tierna y cariñosa toda la noche.

Me sacaste infinitas sonrisas y millones de carcajadas.

Gracias por aparecerte R.

Gracias por haber abrigado mi fría noche.